viernes, 29 de junio de 2007

El ultimo discurso que me autodí antes de ser quien quise ser


Quéjate. Vamos, quéjate como siempre lo has hecho. No sabes hacer otra cosa. Ni siquiera estar bien. ¿Recuerdas como se sonríe? Por que yo me voy a acabar olvidando como siga mucho más tiempo contigo. No paras de maldecir tu suerte pero lo cierto es que nunca te he visto hacer nada para cambiar los hechos. No solo aceptas todo lo negativo que te pase si no que te hundes en ello. Frente a los consejos de los amigos solo defiendes lo mal que estás, sin escucharles y menos aun haciéndoles caso. En el mejor de los casos te transmitirán algo de su fuerza. En el peor succionarás todas sus energías. ¿Por qué pues deberíamos acercarnos a ti? ¿Crees acaso que no nos pasan cosas parecidas a los demás? La diferencia del que vive feliz y del que llora es la actitud, no tanto los hechos. Es la actitud también la que te hace grande o pequeño… triunfador o perdedor. Ya sabes lo que está haciendo tu actitud contigo. ¿Por qué te empeñas entonces en mantenerla? Te defenderás diciendo que o te es demasiado difícil cambiarla frente a tus hechos o diciendo que no quieres dejar de ser tu mismo. No es que sea difícil, es que es más fácil mantenerte igual… Pero desde luego no te hará dejar de ser tu mismo. Como mucho mejorará lo que ya eres. Tienes que ver retos donde ves problemas. Tienes que sacar pecho, levantar la cabeza y recordar que mientras respires tienes otra oportunidad. Recordar que el único que puede decidir cuando te rindes eres tú y que por lo tanto deberías ir olvidándote de esa palabra. Empieza por cambiar tu vocabulario. Empieza quizá por escuchar. Habla de tus problemas para escuchar diferentes puntos de vista y así encontrar soluciones, no para demostrar lo desgraciado que eres. Por que otros habrán superado peores circunstancias y quedarás como un tonto. Por que eso es lo que eres hoy. Tú decidirás por cuanto tiempo. Pero no me vuelvas a pedir consejo hasta que estés dispuesto a escucharlo. Hasta que estés dispuesto a levantarte y luchar como tienes que hacer. Yo no soy como otros triunfadores pero seré otro triunfador. Repítelo y únete. Vamos a jugar a cambiar nuestras circunstancias. Vivamos.

martes, 12 de junio de 2007

No te doy ese derecho


No me llores. No tengas el valor de llorar mi perdida por que no te doy ese derecho. Lloré, te supliqué e incluso me arrastré por ti. Solo yo tengo ese derecho. Una, dos, tres… Fueron demasiadas oportunidades. Demasiadas veces te di la mano y demasiadas veces la atizaste con rabia. Y yo siempre te la volvía a ofrecer. Pero la conjugación de volvía habla de pasado. Como es lógico dejé de hacerlo para ofrecérsela a alguien que sí la agarrase. Y créeme que me costó volver a ofrecerla. Ya uno piensa que saldrá lastimado como siempre salí a tu lado. Y aun hoy tengo ese miedo. Pero siempre fui valiente y me arriesgo aun sabiendo que puedo volver a sentir dolor. Es posible que mi mano ahora tiemble, pero sigue estando ahí… Para otros. Y algún día ya no temblará más, por que tú serás la excepción. Oh, ya lo creo que sí. Un día cruzarás a mi lado y no te reconoceré. Por que la vida es así. Mi vida es así. No hay cajones en el armario del recuerdo para los malos momentos. Llegó la hora de hacer limpieza. Después de todo hay muchas cosas nuevas por ordenar. Los viejos dan paso a los jóvenes y tu momento ya pasó. Por que queriendo ser joven creciste. Y disculpa si hay rabia en mis palabras pero no creas que son fruto de tus mentiras. Si no de tus lágrimas. Te digo que no me llores. No te doy ese derecho.

domingo, 10 de junio de 2007

Y vengo yo...


Y vengo yo sin pluma ni papel, tan solo con un ordenador. Sin métrica ni metáforas. Recién despertado, sin insomnio ni mariposas en mi estomago, que no me dejen dormir. Tan solo un mosquito me picó en la cara y algún compañero suyo no paró de volar cerca de mi oído interrumpiendo mi sueño. ¿Seré bruto que no encendí una vela? ¡Encendí la luz del cuarto! Y poca luz de luna llegará a mi ventana con esa farola ahí al lado. No contento con todo ello voy vestido en camiseta y calzoncillos, por no hablar de esas viejas zapatillas de “andar por casa”. Con un cigarro que más que inspiración me produce tos y probablemente sea el que mañana me recuerde que tengo mono de una droga que me hizo creer interesante en su día. Un ligero agobio por pensar en todas mis obligaciones de mañana me hace cuestionarme por qué no vuelvo al dormitorio y me enfrento al mosquito para que el sueño pueda alcanzarme. Pero para colmo una herida pequeña cerca de la uña me duele en cuanto algo la roza y eso me hace estar de mal humor. Probablemente me pasé con la cantidad al cenar pues mi tripa me pesa demasiado. Y hoy leo a otros y me enfado por que nadie habla de noches como estas. Nadie habla de mosquitos ni de heridas molestas. Solo de sueños, amores, desamores, esperanzas, unicornios y hadas. Y me pregunto si todos esos escritores vivirán en el mismo mundo que yo. Por que parece que ninguno friega platos, barre o trabaja en algo que no le gusta. Parece que todos llegan a fin de mes. Claro que un poema dedicado a las facturas… ¿pero acaso no les preocupan? Sí, claro que sí, pero siempre quedó más bonito hablar sobre sentimientos o momentos abstractos. Así serán considerados mejores escritores y otros podrán verse reflejados en lo que leen. Y si tales escritores llegan a su público se sentirán especiales. Pues hoy vengo yo también siendo especial. Especial por ser solo uno más que sin poesía en la vida (si es que la poesía se encuentra el la luz de una vela, de la luna, o en esos sentimientos tan profundos que incluso causan insomnio) usa la plataforma menos poética posible para decir que a él sí que le pasa todo aquello que olvidáis escribir. Y desde aquí, probablemente perdiendo toda posibilidad de adquirir en el futuro el título de poeta, admito lo que otros jamás admitiréis. Sí, las mejores ideas se me suelen ocurrir en el cuarto de baño.

miércoles, 6 de junio de 2007

¿Poesía?


¿Poesía? No niña, la poesía murió. Las plantas necesitan del sol, de la tierra y del agua para crecer y la poesía precisa de soñadores. Y ya no quedan. Los últimos se perdieron en la tarea de encontrarse a si mismos. Huyeron de todo pensando que así se encontrarían, sin darse cuenta de que ellos eran todo aquello que abandonaban. Y no me refiero a sus posesiones, si no sus sueños y miedos. Huyeron pensando que estaban por encima de todo ello por que siempre se creyeron más. Hasta que tras librarse de todo y todos, las emociones desaparecieron. Y encontraron vacío. Y el vacío, como bien sabes pequeña niña, es la nada. Y entre la nada nadie puede vivir y menos aun la poesía. Esa fue la mayor ironía. Los soñadores acabaron más muertos que el rebaño y el rebaño nunca tubo tiempo para transmitir sus necesidades. Posiblemente por que entre sus necesidades nunca se encontró la de transmitir. Y así te digo que yo no soy poeta y menos poesía. Solo un soñador que no huyó para buscarse y por eso se encontró. Pero cuando por fin me di cuenta, ya todos se habían ido y solo quedaba el rebaño. Y la poesía es para los soñadores. Así que sueña y no pares. Quizás así resucite lo que parecía muerto. Quizás así mañana escribas y yo lea. Por que lo que nunca transmitió, jamás fue poesía. Y por eso se precisa de un oyente o un lector. Así que sueña pequeña, sueña. Demuéstrame que estoy equivocado y seamos felices juntos. Haz de la poesía un fénix y deja que prenda mi piel. ¿Poesía mis palabras? No niña, la poesía murió.

martes, 5 de junio de 2007

Nací viejo


Nací viejo o eso creo. Mi memoria siempre falló a la hora de recordar esas clases de historia y mi agilidad nunca fue la que nunca llegó a ser con esos complicados cálculos matemáticos. Quizá por capricho siempre viví recordando. Solo cuando convertía el presente en pasado podía parecerme lo suficientemente bonito... Probablemente por ese toque romántico que aporta el no poder volver a vivir un momento. Por no poder volver a saborearlo.

Mis sentimientos siempre llegaron tarde a mis vivencias, aun que ellos podrían defenderse diciendo que eran estas las que siempre se les adelantaban... Y probablemente razón no les faltaría. Por que nací viejo. Siempre recordando, siempre dando consejos. Consejos que nadie escucharía ya que invitaban a evitar los errores. Pero los errores son experiencias y todos quieren experimentar. Todos. Y yo el primero. Pero ya lo hice por que nací viejo como ya te he dicho. Y si uno comete un error, ¿qué sentido tiene volver a cometerlo? Y si uno aprende del error, ¿no es su obligación compartir su nuevo saber con el resto? Sí. Pero la obligación de los demás es no escucharle hasta que ellos ya hayan cometido el error por si mismos y hayan aprendido ya lo que les querían enseñar. Pero yo erré tanto que pronto envejecí. Y aquí estoy. Pidiéndote que no cometas tantos errores tan pronto. Que hay un tiempo para todo. Por que nací viejo y es mi obligación hacértelo saber. Para que tú no te hagas viejo tan pronto. Pero tú eres joven...

... Y es tu obligación desobedecer.