No me llores. No tengas el valor de llorar mi perdida por que no te doy ese derecho. Lloré, te supliqué e incluso me arrastré por ti. Solo yo tengo ese derecho. Una, dos, tres… Fueron demasiadas oportunidades. Demasiadas veces te di la mano y demasiadas veces la atizaste con rabia. Y yo siempre te la volvía a ofrecer. Pero la conjugación de volvía habla de pasado. Como es lógico dejé de hacerlo para ofrecérsela a alguien que sí la agarrase. Y créeme que me costó volver a ofrecerla. Ya uno piensa que saldrá lastimado como siempre salí a tu lado. Y aun hoy tengo ese miedo. Pero siempre fui valiente y me arriesgo aun sabiendo que puedo volver a sentir dolor. Es posible que mi mano ahora tiemble, pero sigue estando ahí… Para otros. Y algún día ya no temblará más, por que tú serás la excepción. Oh, ya lo creo que sí. Un día cruzarás a mi lado y no te reconoceré. Por que la vida es así. Mi vida es así. No hay cajones en el armario del recuerdo para los malos momentos. Llegó la hora de hacer limpieza. Después de todo hay muchas cosas nuevas por ordenar. Los viejos dan paso a los jóvenes y tu momento ya pasó. Por que queriendo ser joven creciste. Y disculpa si hay rabia en mis palabras pero no creas que son fruto de tus mentiras. Si no de tus lágrimas. Te digo que no me llores. No te doy ese derecho.
martes, 12 de junio de 2007
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